Creatividad y Conducta

Soy una firme defensora de que la creatividad sirve para lo que queramos usarla. Y que los únicos límites de la imaginación, son imaginarios. Así que entre los muchos campos en los que se puede usar la creatividad hoy quiero hablar de la conducta. Es decir, de la influencia que podemos ejercer en el comportamiento de los demás.
Tal y como dice uno de los fundadores de la Neuroingeniería del Comportamiento Humano, Omar Fuentes en su libro Lenguaje y Mente. Volumen 1 «Siempre que te comunicas lingüísticamente con otro ser humano, lo estás influyendo –más tarde o más temprano, en mayor o menor medida- y es conveniente ser consciente de ello». Vamos, que influir a los demás es inevitable, pero influirlos de forma creativa es una opción.
Veamos varios ejemplos de esta opción:
Creatividad aplicada al fomento de la amabilidad:
Todo el mundo habla de la expresión «está sacado de contexto» …Y si nos dedicásemos a «meter las cosas en contexto y además sacar una sonrisa?
Creatividad aplicada a la convivencia
Numerosas disciplinas diferentes que estudian el comportamiento humano coinciden en que el ser humano se mueve motivado por el deseo de obtener placer y el de evitar el dolor. Lo que viene siendo el mítico palo o zanahoria… Cuando tienes un negocio no puedes recurrir al «palo» y  «multar» a tus clientes cuando su comportamiento no es el que más te gustaría, sin embargo lo que sí puedes hacer es «cocinar sabrosas zanahorias» para influir en su comportamiento. Esto es precisamente lo que hizo el restaurante Eva restaurant al premiar con un 5% de descuentos a todas aquellas personas que decidan dejar el móvil en el ropero y sentarse a la mesa sin él.


Creatividad aplicada al fomento de hábitos saludables

A quién le apetece subir las escaleras del metro? probablemente a casi nadie… sin embargo ¿A quién le gustaría rememorar la mítica escena del piano de la peli Big?  Eso es lo que debieron de pensar los creativos de la mítica campaña de “The Fun Theory” para Volkswagen que básicamente trata de cómo la diversión y la creatividad pueden incitarnos a cambiar nuestros comportamientos 





Creatividad aplicada a fomentar la prudencia al volante

 Las cosas no son como son, sino como se perciben. Y si poner un cartel diciendo que una curva es peligrosa y aún así la gente no baja la velocidad de su coche, ¿Por qué no cambiar la percepción de los conductores? Eso precisamente es lo que pensaron algunos estados de EEUU que para que los conductores condujesen  más despacio pintaron las lineas discontinuas con una separación entre ellas menor para potenciar la sensación de velocidad y que así los conductores dejasen de darle al acelerador… Brillante.

Creatividad aplicada para fomentar la limpieza
Este post estaría incompleto sin el mítico el caso de los urinarios del aeropuerto holandés de Schiphol, que tenía unos costes de limpieza muy altos debido a la poca puntería de los usuarios, lo que provocaba continuas quejas por su lamentable estado. Así que para acabar con este problema, durante unos días tuvieron a gente observando la conducta de los usuarios y descubrieron que si había una colilla o algún otro objeto en el interior del urinario, la gente “apuntaba” hacia ellos y se reducía el desvío. Sorprendidos por el resultado, decidieron hacer una prueba y provocar deliberadamente este comportamiento  dibujando una mosca en el interior del urinario. ¿El resultado? Con este pequeño cambio consiguieron que la gente apuntara mucho mejor ensuciando un 80% menos consiguiendo reducir de forma significativa los gastos en limpieza. 


Lo dicho, que influenciar en el comportamiento es inevitable, pero hacerlo de forma creativa es opcional. Y bueno.

Y lo bueno, si creativo, dos veces bueno. 

5 Consejos para "Hacer Creatividad"

Hace poco asistí a un funeral y de entre todas las palabras de consuelo que escuché hubo unas que no puedo quitarme de la cabeza. Una persona cuyo padre había fallecido hace poco le dijo a un amigo suyo de unos treinta cuyo padre acababa de fallecer, y a la madre y al hermano de su amigo, que ahora tocaba «hacer familia». ME ENCANTÓ  la expresión. Muchas veces las palabras se quedan cortas, y otras, como en este caso, consiguen lo que se proponen: no sólo dar consuelo sino también una nueva perspectiva.
Y es que si bien es cierto que la mayoría de extranjeros tienen unas dificultades enormes para diferenciar el verbo «ser» de «estar» (que en sus lenguas no existe) a los que nos manejamos en la lengua de Cervantes parece que también padezcamos «dislexia conceptual» y confundamos el verbo «ser» por el «hacer». Y al igual que tener hijos no te convierte en padre, tener padres no te convierte en hijo, son tus actos hacia tu familia lo que te convierte en miembro de esa familia. Independientemente de los genes que haya en común (también compartimos genes con muchos animales) y de los apellidos, lo que te convierte en miembro de esa familia es lo que haces con esa familia, por esa familia y para esa familia.
Pues lo mismo pasa con la creatividad. La creatividad no se es, se hace. Es verdad que todo el mundo nace con la posibilidad de ser creativo, pero sólo la voluntad de «hacer creatividad» es la que te convierte creativo.
Y ya que hablamos de hacer creatividad, aquí van 5 consejos para hacerla:
1. CUESTIONA 
La creatividad llega donde lo demás no alcanza, y  las PREGUNTAS son los vehículos Ideales para ello
2. EXPLORA
Reformular y definir el problema es tan importante como diseñar la solución
3.CURIOSEA
Mira lo de siempre como si fuera la primera vez
#Desprendimientoderutina 
4.“PIRATEA”
Los piratas “expoliaban” las riquezas de los demás.
Aprende de las cosas que ya funcionan en otros campos y si se puede aplícalo al tuyo
5. ATRÉVETE
Lo bueno es enemigo de lo genial. Atrrévete a descubrir cosas nuevas.
Si no puedes ser el mejor, al menos sé el único.
 
Quizás a la creatividad le pasa como a Madrileños: creativo no se nace, se hace.
Así que como dijo Ella Let’s do it

La Matemática de la Creatividad

Creo que fue Galileo el que dijo una vez que las matemáticas son el idioma que usa la naturaleza para explicar el universo. De lo que estoy segura es que ningún profesor de matemáticas que yo haya tenido me lo dijo. Quizás mis notas hubiesen sido algo diferentes… Con las matemáticas me ha ocurrido lo que alguna vez me ha pasado al viajar a ciertos países. Eso de tener una idea muy clara del país que vas a visitar, y que cambia de forma radical una vez lo has visitado. Y la mayoría de veces a mejor.
Pues exactamente eso es lo que me ha sucedido «con el idioma del universo», y también gracias a un viaje. Aunque en este caso literario. El libro en cuestión se llama «El tío Petros y la conjetura de Goldbach» y  destroza página a página la imagen de que las matemáticas son una ciencia exacta y aburrida. Y rellena el hueco dejado por esa falsa creencia con la imagen de las matemáticas como una de las ciencias que no sólo premian más la creatividad, sino que además la «fuerzan». El libro escrito por Apostolos Doxiadis cuenta la extraña relación de un sobrino fascinado por su tío, al que toda la familia considera la oveja negra pero que atesora un brillante pasado como matemático. Usando como hilo argumental esta fascinación el autor nos cuenta la suya propia por las matemáticas, introduciendo personajes y problemas reales aún sin resolver como el que da título al libro: la conjetura de Goldbach.
En matemáticas se considera como conjetura a una proposición que se supone como verdadera pero que aún no está demostrada. La Conjetura en cuestión la formuló en 1742 el matemático prusiano  Christian Goldbach en una carta dirigida al famoso físico matemático Leonhard Euler con el siguiente enunciado: «Todo número par mayor que 2 puede escribirse como suma de dos números primos.» y a día de hoy aún no está resuelta a pesar de ser uno de los problemas más famosos de las matemáticas y que numerosos matemáticos lo han intentado resolver durante siglos.
 
Si bien es verdad que sospechaba que las matemáticas son una disciplina infinitamente más interesante que resolver ecuaciones de segundo grado, y que es famosa porque existen problemas que durante siglos no se han resuelto, era absolutamente ignorante del papel tan importante que tienen estos «misterios sin resolver».
Este papel protagonista lo descubre el compañero de piso al sobrino del protagonista en este diálogo cuando en relación a este tema le pregunta:
– ¿Sabes qué contesto David Hilbert cuando sus colegas le preguntaron por qué no había intentado probar la hipotesis de Riemann, otro celebre problema aún por demostrar?
— No, no lo se. Instrúyeme.
— Declaró: (¿Por qué iba a matar a la gallina de los huevos de oro?) Verás, lo que quiso decir es que precisamente cuando los grandes matemáticos procuran resolver grandes problemas es cuando nacen los grandes matemáticas, los así llamados «resultados intermedios», aunque los problemas iniciales sigan sin resolver
Reconozco que me ha encantado el concepto de «resultados intermedios» frutos de una meta más amplia.
Siempre he defendido que la creatividad le debe más a la exigencia que tengas de ti mismo que al talento natural, y estoy convencida de que la creatividad está íntimamente ligada a la capacidad de formular metas atrevidas: cuanto más valientes sean las metas que nos propongamos, probablemente más creativos sean los resultados que obtengamos. Aunque no consigamos la meta en sí. Por ejemplo, si yo pienso ¿Qué puedo hacer para que mi producto abra el telediario de las tres? probablemente las posibilidades de que se me ocurra algo para generar notoriedad sobre el producto sean muy superiores a que si me pregunto que qué puedo hacer para que la gente conozca el producto en cuestión. Aunque lo que se me ocurra pensando en la primera meta no implique que al final mi producto salga en el telediario, pero sí lo que busco: que destaque y que la gente lo conozca. La primera meta es como «la gallina de los huevos de oro», es muy abierta y me puede permitir generar muchas posibilidades. La segunda es más bien como un «huevo duro» más alimenticia a corto plazo, pero seguramente también menos rentable.


Probablemente lo de que poner metas inalcanzables sea lo que posibilite obtener resultados infinitos no sea algo matemático. O sí. 


Por si acaso…

Por cierto, el libro El Tío Petros y la conjetura de Goldbach es muy, muy recomendable. Independientemente de que te gusten las matemáticas.

¿Tienes Tele(m)patía?

Cuando era pequeña hubo un tiempo en que me dio por preguntar a casi cualquier persona con la que me cruzaba que si pudiera elegir un súperpoder, que qué superpoder elegiría. En aquel tiempo el libro “Los hombres son de Marte y las mujeres son de Venus” aún no se había escrito (he de reconocer que a día de hoy que lleva varios años escritos aún no me lo he leído, pero bueno) el caso es que mi “mini-investigación de mercado” ya desvelaba grandes diferencias entre sexos: las chicas querían “leer la mente” y los chicos ser “invisibles”. Con excepciones en ambos casos, claro. Pero con bastante aplastante mayoría en ambos casos también.
El caso es que años más tarde creo que si volviese a repetir la misma pregunta la diferencia entre ambos sexos se acortaría, porque hay un poder que consigue los mismos resultados que obtenía el rey Midas al tocar los objetos, pero que en lugar de sólo el sentido del tacto, también usa todos los demás. Me refiero a la Tele(m)patía, el poder comprender a los demás. Sus necesidades, su miedos, lo que les mueve, lo que les frena. La telepatía se basa en la información, en datos y la tele(m)patía va un poco más allá, porque es capaz de convertir esa información en conocimiento, y ese conocimiento en comprensión. Y no se me ocurre nada más difícil que entender a los demás. Y cuando hablo de «los demás» me refiero a consumidores y ciudadanos, pero también a parejas, vecinos, suegras e hijos.

Durante años políticos y directores de marketing han sido “telepáteticos” intentado “adivinar” lo que los clientes piensan, de hecho la mayoría de productos que anuncian en la teletienda paracen haber sido diseñados «telepatéticamente» como éste o éste.

Es el momento de dejar de adivinar para empezar a comprender. 

Entender a los demás, comprender sus motivaciones no convierte en oro todo de forma instantánea, pero es un primer paso en la buena dirección.

La tele(m)patía no es ningún don sobrenatural, es sólo una actitud de comprensión hacia los demás. 
y tú ¿Tienes tele(m)patía?

Mistakes wanted


«De los errores se aprende», «Errar es de sabios», «Equivócate otra vez, pero equivócate mejor», «El fracaso es una gran oportunidad para empezar otra vez con más inteligencia.» «No equivocarse es muy fácil, basta con no intentarlo»

El caso es que hay millones de frases dichas por millones de personas más o menos reconocidas por su éxito que sitúan al error, al permiso a equivocarse, como parte del camino de hacer las cosas bien. Como parte (casi imprescindible) del éxito.

Sin embargo si en lugar de fijarnos en lo que decimos nos fijamos en lo que hacemos nos daremos cuenta de que este «culto al error» no es tan evidente en la sociedad actual. De hecho, si es verdad que se aprende tanto de los errores, ¿Por qué prácticamente sólo se publican el resultado de las investigaciones cuando tienen éxito? ¿Acaso no tiene valor hacer públicos «sus errores» si otros pueden aprender de ellos?

¿Alguna vez habéis visto la corrección de una errata en la portada de un periódico? En general lo que hacemos con los errores es esconderlos, como mucho corregirlos y «aquínohapasadonada» por eso me encanta la iniciativa de Donald Ervin Knuth, un matemático reconocido como el ‘padre’ del análisis de algoritmos y uno de los más grandes expertos en ciencias de la computación y Profesor Emérito de la Universidad de Stanfor

Knuth es autor de varios libros muy influyentes en su campo como The Art of Computer Programming, y no sólo está de acuerdo con el valor de los errores, sino que además los «valora» literalmente, a 2,56 dólares para ser más exactos (esta cifra es producto de lo que se le ha reconocido como «humor Geek» ya que «256 centavos son 1 dólar hexadecimal» en algunos de sus libros (la cifra varía para otros)
Si queréis saber más de él http://es.wikipedia.org/wiki/Donald_Knuth
y si queréis ganar algún dinerillo podéis visitar su página aquí


 Recompensar la detección de errores, también tiene su recompensa.

Inteligencia militar no es oxímoron

Es curioso, el diccionario de la Rae se empeña en ignorar palabras que usamos diariamente y sin embargo conserva en sus páginas palabras a prueba del desuso. Oxímoron es una palabra que pertenece a ese segundo grupo. Quizás la estudiamos en lengua en 5º de EGB, pero la mayoría la olvidamos en 6º…
según la academia famosa por limpiar, fijar y dar esplendor Oxímoron es una combinación en una misma estructura sintáctica de dos palabras o expresiones de significado opuesto, que originan un nuevo sentido; p. ej. un silencio atronador. De ahí la broma que se suele utilizar cuando se habla de «inteligencia militar», sin embargo, se podrán meter mucho con el mundo del ejército pero es innegable que a veces tienen genialidades que, por muy tontas que parezcan, no dejan de ser genialidades.
Y una de esas cosas tontamente geniales es la que cuentan en el más que recomendable libro «ideas que pegan» de Chip & Dan Heath . Desde siempre la estrategia y la planificación han estado estrechamente ligadas al mundo militar. De hecho a muchos militares han pasado a la historia más que como militares como estrategas. El caso es que llegó un punto es que el grado de planificación era tan extremadamente detallado y minuciosos que de alguna forma dejó de ser eficaz, porque tal y como se dice en el ejército «Ningún plan sobrevive al contacto con el enemigo» así que para contrarrestar este efecto en los años 80 el ejército estadounidense adaptó su proceso de planificación e inventó un concepto que a mi me parece una absoluta genialidad que llamaron Intención del Comandante (IC)

Le idea era acompañar los minuciosos planes con una breve instrucción en el membrete precisando el objetivo final de la operación. Por ejemplo una IC podría ser «Quebrantar la voluntad del enemigo en la región suroeste» y luego, cada grupo dependiendo de su situación recibiría órdenes mucho más concretas, por lo que la IC orienta a los soldados al resultado final,  no a las acciones que deben seguir paso a paso y que pueden quedar desfasadas en cualquier momento ya que la improvisación forma parte del día. Y saber lo que quieres conseguir, no sólo la acción precisa y aislada que te han mandado ayuda más que mucho a obtener la victoria.
Me ha encantado el concepto de Intención del Coronel. Creo que las empresas irían mejor si se comunicasen usando este código. Y no sólo las empresas, también las personas. Siempre me ha hecho mucha gracia las películas de Woody Allen cuando dobla los diálogos con subtítulos para traducir una conversación nimia en lo que realmente quieren decir. Pues si todos usásemos la IC las pelis de Woody serían más aburridas, pero nuestra vida sería más fácil.
La IC de este post es simplemente recordar que no hay que confundir tareas con metas, que las metas motivan más y mejor. Y mucho más y mucho mejor si están formuladas de forma sencilla.

Alquimia en la "era del Ahora" o cómo hacer visible lo invisible

                                               
«Lo esencial es invisible a los ojos» Quizás esta sea una de las frases más famosas de la literatura universal dicha por Antoine de Saint-Exupéry en boca de su mítico Principito. Sin embargo, en el mundo de los negocios lo esencial es hacer visible lo invisible, y el que lo consigue se convierte en Rey. O en súperhéroe. O en súperpagado….
De hecho, esta tarea es tan importante que incluso los profesionales de la comunicación y el diseño (marketing, publicidad, etc…) se han inventado una palabra que no aparece en el diccionario de la RAE pero que es imprescindible en sus reuniones: «tangibilizar» o lo que es lo mismo, hacer tangible. Y es que las marcas cada vez se parecen más a las personas (como los dueños a sus perros), y las personas -como las marcas- no son lo que dicen que son, sino lo que hacen. Por ejemplo si vemos a alguien con una camiseta como ésta, lo más seguro es que pensemos esto. Una persona tiene que hacer cosas para que nosotros pensemos que mole, y decir que mola no es una de ellas. Lo mismo con las marcas. Una marca no puede decir que es divertida o honesta, tiene que hacer cosas para que la gente llegue a esa conclusión. Y de ahí la importancia de tangibilizar. Por ejemplo hace unos años Google tangibilizó su preocupación por el medio ambiente alquilando cabras para cortar el césped de sus oficinas de California, en lugar de las máquinas cortacésped de siempre. Unas cabras hicieron tangible un valor (la ecología) que quizás con otras medidas no habría sido noticia.

Otro ejemplo tiene que ver con la higiene. Hace unos años era muy difícil tangibilizar que los baños de las habitaciones de los  hoteles estaban debidamente limpios hasta que a alguien se le ocurrió poner el ahora imprescindible precinto sanitario. Un trocito de plástico hizo visible algo que sólo podías dar por supuesto: la desinfección.

Hay millones de ejemplos en este sentido que protagonizan diferentes marcas… Pero prefiero hablar de un pintor que podría haber sido director creativo de cualquier agencia, porque era un maestro de hacer visible lo invisible. La semana pasada en una nutritiva merienda artística organizada por Art & Fun nos hablaron de Hopper, el famoso pintor americano que se ha ganado el sobrenombre de «el observador invisible» gracias a su facilidad de pintar de tal forma que convierte al espectador en Voyeaur. Hopper fue un experto no sólo en observar lo invisible, sino también en pintarlo. Por ejemplo, él nació casi a la vez que el alumbrado público, todo un símbolo de modernidad de la época de la que se consideraba cronista, y como cronista de su tiempo la luz eléctrica tuvo un papel fundamental en sus cuadros. Pero el mérito de Hopper no es retratar la luz eléctrica de noche, en el interior de un local, sino de día en el exterior de una casa a plena luz del día. ¿Cómo? dando protagonismo a un poste de luz que en lugar de evitarlo (como hubiéramos hecho nosotros haciendo lo posible por conseguir otro encuadre desde no se viera el poste en el caso de que quisiésemos hacer una foto de la casa) coloca en lugar protagonista. Para que quede patente esa modernidad casi recién estrenada.

Hopper es todo un maestro de esta cualidad casi sobrenatural de hacer visible lo invisible. Una cualidad que casi parece un súper poder tan necesario en la era del ahora que no dudo que si los directores de marketing pudiesen hacer elegir un poder sobrenatural -en lugar de hacer un máster- el poder de tangibilizar sería un firme candidato. 

Hace siglos el rey Midas se hizo famoso porque convertía en oro todo lo que tocaba, curiosamente hoy en día los directores de marketing reciben oro si tangibilizan todo lo que les toca.   

Un hotel para artistas. Literalmente.

Una de esas frases a 0,99 casi equiparable a la de «Está la cosa muy mal» es la de «Hoy en día es que hay de todo» y si nos fijamos en el mundo de la hostelería parece que esta frase no suena a bilbainada: que si hoteles para niños, para perros, para fans de los beatles, para gays, para la tercera edad, para solteros, para familias con niños, para amantes del pasado, del cine, de las siestas (o de los «cuernos», que hay hoteles con «parkímetro» que pagas según los minutos que estés), del arte, etc….  Desde que el marketing inventó el mítico concepto de Nicho de Mercado parece que cada hotel busca el suyo a su manera… Y normalmente lo buscan a través o bien de su ubicación (no vas a poner a los amantes de la naturaleza en mitad de la Gran vía) o por su decoración disfrazando sus paredes de estudios de películas para los amantes del cine o de galería para los amantes del arte…

Por eso me gusta tanto el Clarion Hotel de Estocolmo, porque su nicho, su público objetivo, vamos, los clientes que andan buscando son los artistas y en consecuencia, los amantes del arte. Y no los buscan diciendo que en sus camas ha dormido tal o cual artista (emulando al mítico cartel que se puede leer en demasiados bares del mundo de «Hemingway estuvo aquí») o decorando sus paredes con cuadros famosos para inspirar a artistas emergentes. Los buscan de la mejor forma que podían hacerlo: reconociéndoles como artistas. ¿Cómo? pues de la forma en que se reconocen las cosas: dándoles valor. De hecho, el Clarion acepta cuadros de jóvenes artistas a cambio de pasar una noche en una habitación para dos personas en el hotel. La iniciativa se llama «Room for art» y sólo pide unos requisitos mínimos: la pieza de arte debe estar firmada por el artista y realizada en un formato A4 y el artista debe regalar la obra y transferir los derechos de la obra al hotel y se puede hacer uso de esta oferta dos veces por año por persona.

Además  Estocolmo a parte de ser famosa por su salmón y su sirenita se le conoce por ser la ciudad de los diseñadores. Es una ciudad llena de museos, entre ellos el más grande del mundo, que no es otro que su metro cuyas estaciones han reconvertido en salas de museo con diferentes obras de arte que incluso se puede visitar con guía. Con lo que esta iniciativa cobra aún más sentido ya que no sólo le ayuda a decorar sus paredes sino a destacar como oferta cultural en una ciudad ya de por sí muy atractiva para artistas y amantes del arte.
Si estás pensando pasar una nochecita en este hotel puedes leer más info aquí: http://www.clarionstockholm.com/room-for-art
Con iniciativas como esta, este hotel se merece un museo.

Generosidad vs Publicidad

La palabra publicidad viene de público, y significa acción de hacer público, es decir, de dar a conocer. Miles de empresas se gastan cada año millones de Euros en hacer campañas de publicidad para crear una imagen de marca sólida y conseguir empatizar con la sociedad. 
La publicidad es una de principales armas que utiliza el marketing para conseguir su objetivo final que es entablar y mantener relaciones. Vender es una consecuencia de haberlo conseguido.

El caso es que el otro día una amiga mía que trabaja en una agencia de publicidad colgó una foto en su Facebook -cuyo muro parece una pausa publicitaria de Antena3 porque no pueden haber más anuncios- que no era un anuncio, pero que sin embargo conseguía las dos cosas principales que persigue la publicidad : uno) generar notoriedad (llamar la atención detodalavidadeDios) 
y dos) crear un vínculo. En este caso de empatía.
Me refiero a esta foto:
                                    
No se lee muy bien, pero la foto es de una lavandería que ha colgado un cartel en el que comenta que si estás sin empleo y necesitas ropa limpia para hacer una entrevista de trabajo, que ellos te la limpian gratis.
Desde luego que no es el primer negocio que se «suma al carro» de la crisis para empatizar con el público. Pero hasta ahora todas las acciones que había visto en este sentido iban dirigidas al ocio: que si hoteles más baratos, restaurantes, parques temáticos… Por eso me gusta esta acción. Porque me da la sensación que muchas marcas entienden la generosidad como «dejar una chaqueta cuando no hace frío», en cambio esta tienda lo que hace es ofrecerte un servicio (gratis, no más barato) que realmente puede serte muy útil. Es una ayuda que tiene sentido. Vamos, que tiene valor, y con lo cual, al final se valora y tiene repercusión. Genera notoriedad, empatía y muy probablemente aumente las ventas. Ya que como dice el dicho popular «ante la duda, la más tetuda» pues ante igualdad de servicios, pues la que además, ayuda a los demás.
No sé si existe el karma para el mundo empresarial… En cualquier caso, después de esta acción este negocio seguro que se reencarnaría en algo mejor. Se lo ha ganado.

¿Comer pescado nos hace más creativos?

Si esperas una respuesta a esta pregunta en este artículo lamento decepcionarte, pero una vez leí que una de las formas más eficaces de hacer que la gente lea algo era poner una pregunta en el titular. Y si estás leyendo estas líneas quizás sea verdad.  El caso es que ayer en una comida de trabajo una chica pidió pescado porque había escuchado -no sabía muy bien dónde- que «El pescado es la comida de los genios». Mientras toda mi atención se centraba en que ni un sólo músculo de mi cara transmitiera mi incredulidad ante lo que acababa de escuchar no pude evitar que un pensamiento invadiese mi mente. El típico tópico «Así va España». Con esto no niego que pueda haber una correlación real entre la ingesta de pescado y algún beneficio que se produzca en la mente, pero creo que comer pescado para pensar como un genio es el equivalente a pintarte un lunar para parecerte a Marilyn. Sí-bien-bueno-vale… Puede que ayude algo, pero por sí sólo desde luego que no es suficiente. 
Por eso creo que en España con la Innovación le pasa lo mismo que a esta chica con el pescado: nos gastamos mucho dinero en infraestructuras que por sí solas no nos van a volver más innovadores. Infraestructuras a veces sorprendentes: una vez fui a una empresa que tenía un cuarto insonorizado para gritar (¿?) para que la gente liberase tensiones… Si seguimos así temo que llegue el día en que nos encontremos masajistas con final feliz si lo de que de verdad queremos es liberar tensiones… Y no digo que el entorno no influya, pero, desde luego, no es lo más fundamental. De hecho a pesar de que muchísima gente relaciona el super diseño de las oficinas de Google  con la creatividad, creo que hay una cosa que tiene un impacto mucho más directo: El tiempo. La mayoría de gente conoce lo bonitas que son las oficinas de Google pero muchos menos son los que también saben su modelo de innovación: el 80-20. Google pide a sus empleados que dediquen el 80% de su tiempo a realizar las labores que les corresponden dentro de su empresa y el 20% (20%!!!!!) para pensar en nuevas ideas. En España cada vez es más habitual que haya futbolines en las empresas pero agendar tiempo específico para pensar en nuevos proyectos sigue siendo bastante excepcional.
Siempre he defendido que la creatividad no es cuestión de técnica, que es cuestión de actitud, que mientras trabajaba en una de las mejores agencias de publicidad nunca vi a nadie usar ni una sola técnica pero que todos probaban diferentes actitudes para concebir ideas. Pues lo mismo pienso de la innovación, que no es cuestión tanto de tener el espacio ideal para pensar -como las oficinas de Google todoseadicho- pero sí el tiempo necesario, como demuestra en bonito este anuncio de una agencia de publicidad.
Nadie duda de gastar dinero (invertir) en espacio, cuando lo más importante es el tiempo, sobre todo el de calidad, y mejor todavía si hay un profesional capaz de sacarle el máximo rendimiento como un coach creativo, falicitador de ideas o manager de innovación o como demonios quieran llamarle. En definitiva un profesional de la creatividad que saque el máximo rendimiento a los profesionales estimulándolos y obligándoles a dedicarse, por un tiempo, a lo importante y no a lo urgente si es que de verdad quieren hacer eso que se dice tanto y se hace tan poco como innovar.

Se supone que el cerebro experimenta 70.000 pensamientos al día. ¿Cuántos de ellos los dedicas a pensar de forma creativa?
Y es que, básicamente, innovar es cuestión de tiempo. Y de actitud.